Escuelas Interculturales
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Lo ético en la escuela intercultural: proyecto Amani

Juan Gómez Lara. Colectivo Amani.

Especialmente trascender el enfoque parcial que trata estas temáticas sólo mirando a las minorías, para poder construir uno nuevo que desplace el foco de atención hacia un “nosotros” más extenso, que facilite procesos socioeducativos para todos y para todas”.

(Colectivo Amani, 94-2009) [1]

1. El lugar que ocupa lo ético

Lo ético en la educación trasciende todos los ámbitos de cualquier espacio educativo, yendo más allá del plano de lo meramente formal, o institucionalizado. Pretender simplificar un debate sobre la dimensión ética de la educación haciendo referencia a la discusión surgida de la pertinencia o no de una asignatura dentro de las programaciones de los centros, es limitarlo en las propias posibilidades que el debate encierra. Incluso los más acérrimos defensores de la puesta en práctica de la “educación para la ciudadanía” defienden que no basta con una asignatura, que es necesario el debate y las consecuencias prácticas que conlleva a otros espacios del centro e incluso a la comunidad donde se enmarca éste. (Una auténtica paradoja, la escuela santuario de la educación formal, es precisamente el lugar donde se dan un mayor tipo de interacciones no formales).

Aunque el debate no es nuevo: la reconstrucción del discurso y la práctica llevada desde hace tiempo nos señala que hemos pasado de un discurso sobre la educación en valores como tema transversal a una discusión de cómo articular la nueva asignatura, y el interrogante sigue siendo el mismo, ¿cómo articular el paso que va desde los valores hasta convertirse en hábitos democráticos? Y la primera respuesta nos dice que las posibilidades que nos ofrece una asignatura pueden ser realmente escasas, si ésta no es usada como un refuerzo de la formación de valores, entendida como una cuestión completamente transversal.

Estamos hablando de una educación principalmente dirigida hacia la ACCION, que corresponsabiliza a la escuela sin olvidar una perspectiva más amplia de un espacio público de Educación, de ahí que se deban ampliar los espacios y escenarios de actuación porque las personas nos movemos en múltiples contextos, escuela, familia, asociaciones, instituciones, etc., y en todos ellos, o con todos ellos, nos educamos.

Tener en cuenta esos diferentes contextos nos lleva a manejarnos con un concepto de educación que va más allá de la educación formal, cuya mayor responsabilidad normalmente se la asignamos a la ESCUELA donde los destinatarios y destinatarias de la orientación de la educación somos todos y todas.

A la Escuela, en particular, se le exige educar en valores y formar actitudes de modo que los estudiantes puedan llevar a cabo las prácticas necesarias para vivir en sociedad, de ahí la necesidad de un enfoque intercultural de la acción educativa para que éstos puedan asumir una nueva realidad social, plural y globalizada, en la que todos juntos hemos de vivir y respetarnos sin tener por que peder lo propio.

Sin olvidar que todas las situaciones sociales son de multiculturalidad en la medida que la cultura se comparte diferencialmente según edades, géneros, clases sociales, regiones, etc.

No obstante debemos tener en cuenta que la presencia simultánea de personas culturalmente diversas en un mismo espacio puede significar un cierto nivel de conflictividad a causa de muchos factores: dificultades de comunicación, desconocimiento mutuo de los códigos de referencia, falta de sensibilidad hacia las personas culturalmente diferentes, prejuicios y estereotipos, desigualdades y discriminación en la atención a las necesidades básicas de los distintos colectivos, etc. Situaciones de convivencia complejas que exigen una intervención socioeducativa aplicada a cada centro en particular, y en todos en general centrada en dos objetivos básicos: garantizar la igualdad de oportunidades para todo el mundo y respetar la identidad cultural.

Es importante recordar que la diversidad cultural, a día de hoy, es una constante de todas las sociedades y no solamente por el hecho de los movimientos migratorios, como se tiende a resaltar. No es la llegada de la inmigración la que convierte la escuela en multicultural, sino la conciencia de que cada individuo y grupo de individuos es distinto a otro.

La diversidad es lo normal y no lo circunstancial, el reto es desarrollar un enfoque verdaderamente intercultural, global. Una perspectiva que nos ayude a dar el salto de superar este tratamiento dirigido a los “diferentes” y nos implique a todos y a todas. Un discurso sobre la igualdad y el respeto a la diversidad ha de tener en cuenta todas las manifestaciones de diversidad, también la territorial y la histórica, las cuestiones lingüísticas e identitarias, que siguen siendo motivo de debate político. Cuestiones éstas que condicionan fuertemente las dinámicas institucionales y que determinan en gran medida las dinámicas educativas.

Es nuestra intención con este documento, plantear un conjunto de ideas, dilemas, valoraciones y propuestas que os permitan organizar las discusiones, debates y elaboración de acciones educativas para avanzar aún más en vuestro centro intercultural.

El documento pretende ser una mezcla de la reflexión teórica sobre las prácticas llevadas a cabo hasta el presente, y al tiempo una reorientación para seguir elaborando nuevas prácticas.

Comenzamos con el análisis de las diferentes líneas de actuación que se vienen desarrollando en los centros interculturales, y que cobran sentido en la medida que éstas se desarrollan dentro de un proyecto integral, articulador de las diferentes estrategias e intervenciones que van teniendo lugar desde un enfoque intercultural: donde, junto a los cambios que se vienen dando para fomentar los valores y actitudes y en cuanto a los cambios organizativos y estructurales, resaltamos la necesidad cada vez más imperiosa de hacer cada vez más visible el carácter antirracista de la educación intercultural.

Continuamos, pretendiendo superar el falso debate entre la prioridad de los contenidos o de los valores, porque ambos están íntimamente relacionados, hablamos de la relación entre Convivencia y aprendizaje dos pilares básicos sobre los que se basan nuestros proyectos educativos.

Un cuarto apartado, donde queremos señalar como cada situación conflictiva requiere una intervención diferente, y cuáles son las actitudes y respuestas que nos interesan para hacer del uso de los conflictos una herramienta básica de aprendizaje.

Y ya por último, una propuesta que gira sobre la formación del profesorado basándose en su propia práctica, cómo la evaluación y sistematización de las prácticas llevadas a cabo van trazando las agendas y nuevas necesidades de un centro intercultural.

2. Puesta en práctica de un plan integral: tres líneas de actuación

Un centro intercultural cuenta con un PROYECTO INTEGRAL que guía sus actuaciones. La interculturalidad no puede ser una actividad fuera de lugar, alejada de otras actividades de los centros. Si no existe un proyecto integral dentro de los centros y la coordinación de éstos con otras intervenciones de su mismo entorno, perdemos muchísimo.

La transformación de una realidad multicultural en otra realmente intercultural, es un proceso indudablemente largo no exento de conflictos que, involucra a todos los miembros de una sociedad, también a la Escuela. Y la transformación de la misma desde un enfoque intercultural está basada o al menos pensamos que debe diseñarse a partir de distintas líneas de actuación:

• En el esfuerzo necesario para contrarrestar cualquier forma de exclusión presente en la escuela.

• En la promoción y fomento de los valores y las actitudes necesarias para llevar a cabo experiencias de interculturalidad.

• Y en el desarrollo de todas aquellas transformaciones estructurales necesarias para la puesta en práctica de esos valores.

Hasta ahora podemos decir que ha habido pocos cambios, muchos de ellos fruto del propio contacto cotidiano: cambios en relación a las actitudes y los valores, y cambios casi exclusivamente de tipo técnico-metodológico. Realmente se ha tocado poco lo organizativo, ni tampoco el concepto de cultura que se transmite; por otro lado, difícilmente se asume la diversidad interna española ya que se habla de interculturalidad hablando casi exclusivamente de los “otros”. Aun así sería injusto no resaltar que también existen centros educativos con proyectos educativos y de convivencia intercultural bien planteada y ajustada a las necesidades de su alumnado.

CONTRARRESTAR CUALQUIER FORMA DE EXCLUSION: trabajar para superar la desigualdad de oportunidades.

“El problema no está en la diversidad en sí, sino la diversidad vivida en condiciones de desigualdad, de segregación, y en la ausencia de políticas públicas que promuevan el conocimiento y la interacción entre diferentes en un marco de la ciudadanía común” (Imanol Zubero) [1]

El racismo, la discriminación hacia los grupos minoritarios, es un principio propio de la estructura social y política en la que vivimos, una estructura basada en la desigual distribución del poder y de los recursos. Por eso un paso ineludible es el rechazo de cualquier tipo de discriminación o de exclusión, porque un centro intercultural no puede avanzar sobre ninguna base de discriminación. La creciente preocupación de nuestra sociedad por las situaciones de racismo o, más genéricamente, de intolerancia hacia los “otros”, no puede ser tratada como una mera cuestión personal basada en la ignorancia que puede ser modificada con la simple información.

En primer lugar, es importante que entendamos como funcionan los procesos para discriminar a determinadas personas o grupos sociales por razones de clase, de género, etnia u orientación sexual porque estos siguen unos caminos muy parecidos, tratando de convencernos de que estas personas o grupos son débiles o poca cosa, poco modernos, esclavos de la religión o de costumbres antiguas.

En nuestros centros necesitamos llevar a cabo un profundo estudio del contexto, a través de actividades que sirvan para detectar la aceptación y la discriminación, así como fomentar la creación de espacios de encuentro y comunicación tanto en el aula como en el centro, debemos fomentar la autoestima entre el alumnado. Todas estas estrategias son susceptibles de contrarrestar aquellas acciones que posibilitan la exclusión de cualquier “minoría”.

El trabajo contra la exclusión social que se plasma en la escuela es el inicio de una puesta en práctica de la educación intercultural y, en principio, todas estas prácticas deberían ser estrategias validas para hacer más efectivo el principio de una escuela igual para todos y todas.

Lamentablemente, en cuanto a las estrategias para afrontar el racismo y la xenofobia, estamos en los inicios, hay mucho que hacer con las familias, con los chavales y con el profesorado. Poco a poco comienza a haber algunos incidentes desagradables en centros donde el tema de marcar la diferencia étnica comienza a estar muy presente, y esto a veces se está afrontando como algo aislado y justificándose como un simple problema de control de emociones y desadaptación al grupo. También hay acoso hacia mucha gente por razones de ser diferente, en inteligencia, en sexo, en país de procedencia, en habilidades para relacionarse, etc.

En este sentido no se han desarrollado protocolos de actuación para que los centros hagan algo real a favor de la prevención del racismo y la xenofobia, institucional y entre iguales; la investigación indica que hay abordar explícitamente y repetidamente estas cuestiones en los centros, en el marco de los demás aspectos de la convivencia y el acoso entre iguales, abriendo espacios y designando personas de referencia para que el alumnado pueda acudir a informarse o pedir ayuda. Es imprescindible hacer frente a todas las agresiones de carácter clasista, sexista y homófobo con decisión construyendo un entorno donde no quepa ningún tipo de discriminación.

PROMOCIONAR Y FOMENTAR LOS VALORES Y ACTITUDES: ¿cómo iniciar un proceso de cambio en relación a las actitudes?

Si nos paramos a observar el interés creciente por la educación en valores y miramos las muchas intervenciones que se vienen llevando a cabo desde hace más de dos décadas, nos damos cuenta de lo mucho que hemos avanzado: materiales, programas, actuaciones, etcétera, que tienen como prioridades la sensibilización y el desarrollo de estrategias que brinden la oportunidad de vivenciar valores de respeto, diálogo, etcétera. Sin embargo, es necesario seguir profundizando en esta línea, imprescindible para educarnos como personas que desean aprender, desde la interacción, a convivir desde la diversidad que cada uno representamos.

Para cambiar las actitudes, es necesario contar también con la vivencia, es importante partir de “experimentar en la propia piel”. El objetivo último no es simplemente conocer la situación y tener empatía, sino también transformar la realidad de forma consciente. Es por esto que se hace necesario facilitar estrategias que ofrezcan a quienes están adquiriendo la experiencia positiva de su potencial para generar cambios.

Cuando estamos inmersos en procesos educativos, necesitamos trabajar con una metodología que sea coherente con aquellas actitudes que queremos fomentar. Nuestra apuesta metodológica base se fundamenta en este tipo de enfoque o de estrategias socioafectivas, aunque no exclusivamente; pensamos que es necesario usar todas aquellas que dinamizan y educan en este mundo de las actitudes y los valores: el aprendizaje constructivista, el trabajo cooperativo o el aprendizaje a través del juego, entre otras.

El trabajo con dilemas morales, la clarificación de valores, la comprensión crítica, los procesos de autorregulación y autocontrol se nos hacen imprescindibles para abordar una cuestión tan compleja como es el mundo de las actitudes y los valores.

Lo importante de todo este trabajo es que éste no se dirija única y exclusivamente hacia nuestro alumnado; tan importante o más es el trabajo que debemos hacer con nosotros mismos en nuestra calidad de educadores, no nos olvidemos de ello.

Ciertas habilidades sociales y actitudes personales son de vital importancia para el tratamiento de la resolución de conflictos interculturales en el aula, se trata de comprender que sólo incidiendo sobre nuestros propios valores y actitudes seremos capaces de incidir sobre el contexto en el que trabajamos y sobre el desarrollo de determinados talantes en el alumnado.

Cuando se trata de educar para defender el valor de la diferencia como rasgo esencial de las personas, así como la necesidad de respeto y de diálogo desde la aceptación de la igualdad de derechos, se hace necesario, que las personas que educan adopten posiciones y manifiesten actitudes coherentes hacia la diversidad, desde el respeto, el diálogo y los derechos humanos en toda su extensión.

Y, a la hora de buscar esa coherencia, se hace imprescindible que reflexionemos sobre nuestras propias formas de observar otras culturas, porque éstas orientan gran parte de nuestro trabajo: nos hacen tener unas expectativas de éxito o de fracaso de ese alumnado diferente, nos orientan a la hora de organizar los conocimientos, los materiales que necesitamos, la metodología más oportuna para actuar, etcétera. Esa reflexión que parte de lo individual, debemos hacerla en conjunto con nuestros equipos de trabajo, puesto que de la puesta en común puede depender la eficacia de los cambios que se puedan planificar. Es importante que, como educadores y seres “culturales” que somos, analicemos y contrastemos nuestros comportamientos ante la diversidad y la imagen que tenemos del “otro” para intentar evitar y superar los estereotipos.

CAMBIOS DE LA ESTRUCTURA ORGANIZATIVA

En un centro intercultural, lo importante no es tanto una serie de ideas abstractas del tipo de “respeto”, “diálogo”, etcétera, sino la posibilidad de llevar a cabo transformaciones tanto en las formas de pensar como de actuar de las personas y colectivos involucrados en la convivencia. Y siendo muy necesarias estas transformaciones personales, aún lo es más transformar las estructuras donde éstas están enmarcadas, pues son las que moldean las actitudes, favoreciendo o dificultando la convivencia. Una transformación de las estructuras en las que nos movemos que posibilite la construcción de una sociedad y una escuela intercultural.

Los cambios significativos conseguidos en las personas no modifican las estructuras por sí mismos, ya sea en el ámbito escolar o en la sociedad en general, si no están planificados como una parte más de los procesos de transformación. Las estructuras e instituciones, en las que vivimos las personas influyen en la forma de pensar y actuar con respecto a la diversidad.

Ante la pregunta ¿hay que cambiar primero las actitudes o cambiar primero las estructuras?, sostenemos que la simultaneidad es imprescindible. Es necesario, por tanto, diseñar estrategias que hagan hincapié en aspectos que promueven la cooperación, comunicación, diálogo, etcétera, en tanto que estrategias de resolución de conflictos que transformen las propias estructuras organizativas de los centros escolares.

Las concentraciones “creadas” de alumnos inmigrantes y de alumnos gitanos en determinados centros escolares, la enseñanza de la lengua a los alumnos de incorporación tardía, el rechazo a la incorporación de determinados alumnos en algunos centros, así como los derivados de la propia estructura escolar, deberían ser suficientes motivos para incidir en estrategias que conlleven estos cambios de estructuras.

3. La educación intercultural en la escuela está sustentada sobre la convivencia y el aprendizaje intercultural

Educar en la diversidad es educar para la convivencia y el aprendizaje intercultural, dos de los pilares sobre los que sustenta el sentido de la Escuela. Interculturalidad hace referencia a convivencia y a proyectos en común, ya que la aceptación de la diversidad cultural en si misma no debe ser el fin único de cualquier propuesta de intervención socioeducativa. La aceptación sola no garantiza que con ello aprendamos entre todos a gestionar los problemas que emergen de la convivencia con esta nueva diversidad.

La idea que debe guiar la interculturalidad, en lo social, en general, y en la escuela, en lo particular, debe ser o es la CONVIVENCIA INTERCULTURAL y el APRENDIZAJE que de ella se deriva.

A la hora de plantearnos cualquier acción educativa solemos distinguir entre conocimientos, actitudes valores, habilidades. No es una cuestión de prioridad, todos avanzan al mismo tiempo y ninguno puede ser llevado a buen puerto si no contamos con un proyecto global que facilite el aprender a conocer, aprender a ser, aprender a convivir como una única tarea.

La puesta en práctica de la educación intercultural en la escuela ha venido a cuestionar las relaciones entre las personas pero también los contenidos que se enseñan. Pretendiendo que la escuela no sea un elemento de socialización en el sentido de agente que transmite una única cultura, sino que sea un instrumento que nos ayude a comprender el mundo en el que vivimos y a poder enfrentarnos a sus desafíos. Y para eso necesitamos que nos cuenten las cosas desde otro punto de vista no solo desde nuestro etnocentrismo. La metodología, la forma de evaluar, el lenguaje que se utiliza, las relaciones sociales, la organización del centro, también es cuestionado por la interculturalidad.

En la escuela es necesario considerar la multiculturalidad desde una perspectiva transversal a todos los procesos educativos y vivenciales que concurren en ella y en el contexto social donde esta se ubica, es una oportunidad para hacer frente a las diferentes situaciones conflictivas con las que nos encontramos en el día a día en nuestros centros escolares. Dicho de otra manera, existe una relación directa entre como entendamos la diversidad en su conjunto y el enfoque que adoptemos ante ella y la respuesta que le damos a cada una de las situaciones particulares que emanan de esa diversidad, existe una conexión en la respuesta a nivel macro y las respuestas a nivel micro. El potencial educativo que subyace a este tipo de situaciones es el principal aporte con el que contamos, o podemos contar, para el desarrollo de una verdadera educación intercultural en los centros escolares.

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Sabemos que el hecho de pertenecer a culturas diferentes no es lo que provoca la existencia de conflictos, estamos ante conflictos que fundamentalmente son sociales donde entran en juego numerosos elementos psicosociales, antropológicos, socio-económicos, etc., situaciones de conflicto que nos pueden ofrecer la oportunidad de tratar el tema de la convivencia entre los diferentes actores de la comunidad educativa y las posibles intervenciones en estos terrenos. Más que de problemas interculturales deberíamos hablar de convivencia intercultural, sin olvidar por supuesto que existe una conexión directa entre diversidad cultural y desigualdad social que lleva a que muchas de estas realidades sea tratadas en clave de “problemática”

La escuela de las propuestas es una propuesta práctica cuyo principio básico es el hacernos conscientes del protagonismo de las personas en los conflictos en los que estamos inmersos, y de los cambios personales y organizativos necesarios para hacer cada vez más real nuestro centro como una escuela realmente intercultural. Aunque pensamos que estos cambios deben tener como protagonistas a toda la comunidad educativa, aquí sin embargo la propuesta la hemos dirigido hacia el profesorado, quien puede asumir gran parte del liderazgo en ese caminar hacia la escuela intercultural. El objetivo es ir creando en el contexto escolar espacios y estructuras que den lugar a procesos de aprendizaje, por un lado, y convivencia por otro, convivencia basada en procesos de dialogo, negociación, mediación, y desde todos ellos se fomenten actitudes positivas hacia los conflictos.

4. El uso de los conflictos como una herramienta de aprendizaje que hace más fuerte (o que da sentido) a la escuela

Se ha mitificado excesivamente el conflicto, partiendo de que existe una única forma correcta de comprenderlo y ésta es la concepción trazada por el mundo científico, dando a entender con ello que la gente corriente tiene una visión equivocada del mismo. Conviene aclarar que cuando nos encontramos con una situación particular a la que llamamos “conflicto”, tan importante es la percepción subjetiva de quiénes están implicados en ella, como la definición objetiva de la que partamos.

La idea más generalizada entiende el conflicto, como un proceso natural, común a todas las sociedades con una dinámica susceptible de análisis y que supone una pugna entre personas o grupos interdependientes que tienen objetivos o percepciones de los mismos incompatibles

El conflicto es algo inherente a la naturaleza humana, el conflicto es un elemento común e inevitable en todas las organizaciones y, por tanto, también en nuestros centros, ya que está generado por las propias relaciones entre las personas. Por ello no es posible orientar nuestra organización escolar intentando evitar los conflictos; al contrario, hay que idear sistemas de resolución de conflictos que hagan de estos un instrumento de aprendizaje más y que sirva para regular la convivencia cotidiana.

Los conflictos pueden ser motor de cambio para las personas y para los contextos sociales donde viven éstas. Para que la resolución de conflictos sea competencia de todos los integrantes del centro se hace necesario dirigir nuestras energías en varias direcciones: por un lado, reflexionar y trabajar sobre el mundo de las actitudes y los valores, y complementariamente, y no menos importante, crear en el marco del sistema educativo espacios y estructuras que abran pasos a procesos de negociación, mediación, etc., coherentes con esas actitudes y valores.

Las actitudes que manifestamos ante los conflictos son diversas, dependiendo de la situación, del contexto, y sobre tomo de cómo hayamos sido socializados en relación al mismo. Señalaremos aquí solamente dos perspectivas, habitualmente presentes en los centros escolares: en primer lugar, una perspectiva que pretende eliminar el conflicto. Hay equipos educativos que creen que todo es cuestión de disponer de un buen reglamento disciplinario con su correspondiente comisión de disciplina y confían en que aplicando el reglamento, se evitan y resuelven los conflictos. Pero todo esto, está más que demostrado que no funciona.

Tampoco funciona la actitud de eludir los problemas, ignorar los hechos y dejar que los conflictos los resuelva el tiempo o la actuación de otras personas o instituciones. Una buena escuela no es aquella que no tiene conflictos, sino la que los aprovecha para el crecimiento y madurez de su alumnado. En segundo lugar, una perspectiva que pretende transformar el conflicto. Basada en una visión de los conflictos como algo inherente a las relaciones humanas, posibilitadotes de cambios en las personas y en los contextos donde se desenvuelven éstas.

LOS CONFLICTOS EN EL CENTRO. ¿QUÉ HACER?

En los centros escolares, es falso que el conflicto aparezca cuando la convivencia se deteriora, forma parte natural de la vida, por eso el objetivo de la educación debe estar basado en su tratamiento puesto que su solución puede proporcionar importantes elementos para el cambio social y personal. Pero claro, depende como lo abordemos que este pueda ser una herramienta más de aprendizaje.

Gestión, transformación, resolución, regulación son expresiones diferentes para referirse a las formas con las que intervenimos, o al menos las que sería interesante que lleváramos a la práctica para afrontar las situaciones conflictivas con las que nos encontramos cotidianamente. Sin entrar en detalle sobre cada una de ellas, ya hemos señalado que apostamos por la TRANSFORMACION DE LOS CONFLICTOS. Transformar el conflicto implica ver el conflicto como una oportunidad positiva de cambio de aquellos acontecimientos en los que ocurre, y para que esa transformación sea exitosa necesita de la participación e implicación de los afectados y que sus necesidades sean atendidas.

Un centro intercultural trabaja en este sentido de transformación de los conflictos, utilizando todos aquellos modelos y estrategias que son coherentes con los valores que persigue la educación intercultural. Imagina y lleva a la práctica soluciones “noviolentas”, no sexistas, no arbitrarias y no racistas y justas y aprende a relacionar las soluciones imaginadas con su capacidad para incidir sobre las causas, para contrarrestarlas o eliminarlas.

Un centro intercultural, va más allá de la sensibilización y considera como paso necesario para sentar las bases para ir generando actitudes de respeto, reconocimiento, empatía, etc., aprovechar las situaciones conflictivas que surgen como una oportunidad de entrenamiento de las habilidades necesarias para abordar una convivencia intercultural enriquecedora.

Aquí os señalamos algunas de las estrategias, o mejor dicho enfoques, de los que se están llevando a cabo en diferentes centros educativos. En primer lugar, desde la observación, o el análisis y la comprensión de las situaciones que nos preocupan, en segundo lugar desde un enfoque preventivo o “proventivo”, y por último, la mediación como una alternativa que se está implementado cada vez más en los centros educativos.

LA OBSERVACION DE LAS SITUACIONES COTIDIANAS

Es importante aprender a analizar la realidad cercana con la intención de encontrar respuestas a viejos problemas que se manifiestan de manera diferente, y a las nuevas necesidades que se nos van planteando. El objetivo es reflexionar sobre los diferentes contextos donde se relacionan y se socializan las personas, identificar situaciones de discriminación y de violencia, considerar sus causas, analizar las respuestas que se ofrecen y presentar posibles estrategias para gestionar y resolver conflictos de forma negociada y consensuada, desde una perspectiva positiva y crítica.

No podemos saber cuales son las mejores propuestas de intervención sino sabemos cual es la realidad sobre la que queremos actuar, si no comprendemos que está pasando, si no sabemos cuáles son los rasgos que definen las situaciones que nos preocupan, la complejidad de elementos que entran en juego en cada una de ellas.

En cada conflicto hay cosas que se ven y otras que no. La metáfora del iceberg es muy relevante cuando nos encontramos con una situación conflictiva, existen elementos fácilmente detectables pero también hay otros elementos que están por debajo de la línea de flotación y cuesta más trabajo sacarlos a la luz. Cuando nos acercamos a un conflicto es fácil que distingamos a quienes intervienen, sobre qué discuten, qué pide o quiere cada parte, si se ha llegado a alguna solución; pero existen esos otros elementos por debajo de la línea de flotación que es más difícil distinguir: la historia del conflicto, los sentimientos, intereses, necesidades, el contexto, los valores, los prejuicios.

Por eso es importante aprender a observar, a comprender, investigar, analizar la complejidad de elementos que entran en juego. Si llegamos a comprender de qué está hecho el conflicto y cual es la importancia de cada uno de los elementos que entran en juego, habremos dado un gran paso para su regulación. ¿Cómo podemos buscar soluciones a una situación que ni siquiera sabemos qué es? Lederach (1984) [3] plantea que la estructura de los conflictos se explica desde la interacción de tres elementos: las personas, el proceso y el problema o los problemas. Las 3ps, y señala también la importancia de distinguir entre las posiciones, intereses y necesidades. (P.I.N.). Comprender esta complejidad de elementos nos puede ayudar a afrontar los conflictos que nos rodean y suponen un instrumento imprescindible para poder aprender de ellos.

Y después de analizar, buscar soluciones y los cambios necesarios.

Las situaciones conflictivas con las que nos encontramos tienen que ver con todas las personas y grupos implicados en el sistema educativo y no solo con las posiciones que estos adoptan sino con sus necesidades, necesidades de la escuela, necesidades de las mayorías, del profesorado, de las minorías, del alumnado, las nuestras propias.

La transformación de un centro educativo en una escuela intercultural no es algo fácil ni inmediato, pero si posible. Sobretodo si entendemos la educación como un proceso en el que poco a poco vamos ensayando diferentes alternativas a las situaciones conflictivas en las que estamos inmersos.

Sea como sea no podemos olvidar la necesidad de un proyecto global donde la participación de toda la comunidad educativa es un requisito imprescindible, algo tiene que decir cada uno de los actores implicados en cada centro. La resolución de conflictos es competencia de todos los integrantes del centro, de toda la comunidad educativa. Un centro que apuesta por la convivencia intercultural, por una escuela intercultural, debe gastar sus tiempos y energías en formas de regular los conflictos que sean coherentes con los principios y valores que subyacen en ellas.

TRABAJANDO ESPECIALMENTE DESDE UNA DIMENSION PREVENTIVA

Podemos defender que la mejor forma de trabajar la prevención es tener experiencias positivas de haber resuelto conflictos. Tenemos que advertir que si prevenir, implica evitarlo y no profundizar en las diferentes causas que lo justifican, preferimos hablar de provención.

Lamentablemente es un anglicismo al que todavía no le hemos encontrado su traducción adecuada, provención es un término para indicar una forma de intervenir antes de la crisis, que nos lleva a comprender el conflicto en todas sus dimensiones y al mismo tiempo a la búsqueda de las condiciones adecuadas para incidir sobre sus causas, que pretende dotarnos de las habilidades y las estrategias adecuadas para poder enfrentarlo de la forma satisfactoria.

Otra explicación posible de lo que implica la provención se refiere a “proveernos”. Dotarnos de los recursos, condiciones, habilidades, estrategias que nos faciliten afrontar mejor los conflictos cotidianos.

¿Cuáles son esas condiciones básicas?

- En primer lugar está el conocimiento y reconocimiento de la identidad propia, como individuos y como miembros de una colectividad. La valoración social que se haga de una identidad cultural condicionará definitivamente el modo en que se establezcan con otros grupos.

- Crear un clima de confianza. Es importante fomentar la confianza endogrupal pero también la intergrupal. La primera permitirá a sus miembros asumir reivindicaciones y mantener posturas de fuerza frente a otros grupos, la segunda posibilitará el diálogo y el alcance de acuerdos entre grupos enfrentados.

- Crear una buena comunicación. De hecho en la base de muchos conflictos no existe la incompatibilidad de intereses sino una mala comunicación, y ésta puede tener su origen en la existencia de estereotipos, la falta de información, mensajes desvirtuados, etc.

- Garantizar la participación. Establecer relaciones cooperativas, puesto que además de los valores intrínsecos a la propia cooperación, está fomenta el conocimiento positivo y evita los prejuicios.

LA MEDIACION INTERCULTURAL

La mediación intercultural pretende disipar los malos entendidos entre las personas y grupos pertenecientes a lenguas y culturas diferentes, revelándose en los últimos tiempos como un instrumento útil para gestionar la conflictividad que surge en contextos multiculturales.

La mediación, una forma de negociación con la intervención de un tercero, una técnica muy amplia que consiste en la intervención de un Tercero (un individuo, un equipo, etc.) que facilita el logro de acuerdos en torno a un conflicto. Las aplicaciones directas de la mediación pueden variar mucho de un contexto a otro; por eso una cuestión muy importante en relación con la mediación es la adaptación a la cultura, al contexto. Últimamente la mediación ha tomado un enorme protagonismo llegando a convertirse en una técnica de moda aplicándose en muy diversos niveles y con diferentes enfoques, a veces sin discriminar el tipo de conflictos a los que se aplica. Es una posibilidad más pero no tiene por qué ser la más adecuada según que tipo de situación. [4] Una característica que si nos parece importante señalar de la mediación es que considera que la responsabilidad de transformar y solucionar el conflicto queda plenamente en manos de quienes lo han generado y forman parte de él.

La mediación intercultural, al igual que otras mediaciones, viene tomando un protagonismo cada vez mayor entre las diferentes metodologías o instrumentos de gestión de la conflictividad en diferentes ámbitos sociales. Recordar “No se trata si va a haber conflictos porque los va a haber, se trata de prevenirlos y gestionarlos”. Aunque la mediación remite constantemente al conflicto, puede haber mediación intercultural sin que haya conflicto ya que ésta centra sus esfuerzos en transformar las relaciones entre partes culturalmente diferenciadas y en facilitar el sentimiento de comunidad superando la barrera “ellos y nosotros”, además de gestionar la conflictividad. Es una mediación orientada por la interculturalidad que nos permite analizar otras culturas desde sus propios patrones culturales; que busca el encuentro, y por tanto, ni cae en el riesgo de la guetización, ni teme el cambio que puede producir el contacto; que promueve un encuentro en igualdad, con lo cual no cabe el paternalismo, ni la superioridad-inferioridad.; que tiene una visión crítica de las culturas y, aunque acepta cada cultura puede rechazar y luchar contra algunas de sus instituciones.

La mediación intercultural no sólo es un instrumento para resolver conflictos, sino que su dimensión más importante es el desarrollo del potencial de cambio que las personas implicadas en estas situaciones llevan consigo.

5. Sistematizar las prácticas abre nuevas necesidades de formación y traza las agendas de cada centro

Cada centro tiene su propia experiencia que no es estática sino que ésta anda en constante transformación, donde han entrado en juego muchos elementos, tanto objetivos como subjetivos, viniendo a condicionar la misma.

La sistematización [5] de estas experiencias por parte de sus protagonistas nos va a llevar a comprender y mejorar la propia práctica, y posibilitar con estos aprendizajes para entablar un dialogo con experiencias similares. Al tiempo, que se confirma o transforma la teoría a partir de las reflexiones surgidas de esas experiencias concretas.

Pero todo esto no es factible si no existe una organización escolar que articule y favorezca que se den los cambios pertinentes, que posibiliten tiempos y espacios de encuentro y que permitan un proceso de autorreflexión sobre los modos habituales de construir y gestionar la convivencia.

Sin olvidar que el futuro de esta práctica reflexiva requerirá la presencia de algunos factores esenciales: en primer lugar, la disponibilidad de los equipos directivos a facilitar este tipo de formación y, en segundo lugar, que se garantice la estabilidad de los equipos docentes.

El crecimiento de la persona educadora, clave del proceso. Existen muchos programas de estudio de resolución de conflictos que se centran en el alumnado, sin embargo hay pocos programas o intervenciones centradas en los docentes para que comprendan mejor los conceptos y técnicas de transformación de conflictos.

La formación permanente una necesidad de un centro intercultural. Trabajar en la formación, tanto la formación inicial de los educadores como la formación permanente La necesidad de establecer una planificación formativa centrada en cada contexto en particular es esencial para que haya coherencia entre lo que se enseña, cómo se enseña y el contexto en el que se enseña. Es una tarea constante el que los docentes evalúen sus propias capacidades y formación en la transformación de conflictos, y la orientación en esa área que se aplica en sus aulas y centros.

La evaluación de la mejora docente que los centros pueden llevar a cabo resulta una cuestión vital, sobretodo si ésta persigue que el equipo docente se convierta en una organización en aprendizaje permanente en la que la observación de la propia práctica y la reflexión tienen un lugar y un tiempo importante dentro del plan de cada centro. Cada vez se hace más evidente la necesidad de un modelo de formación permanente que parta de los conocimientos del profesorado docente y que se tengan más en cuenta sus prácticas, disponiendo de estrategias para llevar a término acciones de formación basadas en ellas.

Notas

[1] ZUBERO, Imanol: “Confianza ciudadana y capital social en sociedades multiculturales” Ed. Ikuspegi, Guipúzcoa, 2010

[2] Este esquema es de fácil aplicación para revisar los procesos de cada centro en particular, si decidís trabajar con él y tenéis alguna duda o alguna cuestión que aportarnos para cambiar el esquema, no dudéis en escribirnos a nomadeamani@yahoo.es

[3] LEDERACH, J.P.: “Educar para la paz” Fontamara, 1984, nueva edición con el título: “ABC de la paz y los conflictos”, Los libros de la Catarata, Madrid, 2000

[4] “La experiencia nos muestra que, si bien se trata de una medida con una buena proyección, ésta debe ser encuadrada en un conjunto de medidas más globales: la mediación no puede ser el único recurso de un centro que desee gestionar la convivencia de manera democrática” JUAN DE VICENTE, “/ ideas clave. Escuelas sostenibles en convivencia”, Ed. Grao, Barcelona, 2010

[5] “La sistematización es aquella interpretación crítica de una o varias experiencias que, a partir de su ordenamiento y reconstrucción, descubre o explica la lógica del proceso vivido, los factores que han intervenido en dicho proceso, cómo se han relacionado entre sí y por qué lo han hecho de ese modo” OSCAR JARA en: La sistematización, una nueva mirada a nuestras prácticas. ALBOAN-HEGOA, Bilbao, 2004

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