Escuelas Interculturales

1. El lugar que ocupa lo ético

Lo ético en la educación trasciende todos los ámbitos de cualquier espacio educativo, yendo más allá del plano de lo meramente formal, o institucionalizado. Pretender simplificar un debate sobre la dimensión ética de la educación haciendo referencia a la discusión surgida de la pertinencia o no de una asignatura dentro de las programaciones de los centros, es limitarlo en las propias posibilidades que el debate encierra. Incluso los más acérrimos defensores de la puesta en práctica de la “educación para la ciudadanía” defienden que no basta con una asignatura, que es necesario el debate y las consecuencias prácticas que conlleva a otros espacios del centro e incluso a la comunidad donde se enmarca éste. (Una auténtica paradoja, la escuela santuario de la educación formal, es precisamente el lugar donde se dan un mayor tipo de interacciones no formales).

Aunque el debate no es nuevo: la reconstrucción del discurso y la práctica llevada desde hace tiempo nos señala que hemos pasado de un discurso sobre la educación en valores como tema transversal a una discusión de cómo articular la nueva asignatura, y el interrogante sigue siendo el mismo, ¿cómo articular el paso que va desde los valores hasta convertirse en hábitos democráticos? Y la primera respuesta nos dice que las posibilidades que nos ofrece una asignatura pueden ser realmente escasas, si ésta no es usada como un refuerzo de la formación de valores, entendida como una cuestión completamente transversal.

Estamos hablando de una educación principalmente dirigida hacia la ACCION, que corresponsabiliza a la escuela sin olvidar una perspectiva más amplia de un espacio público de Educación, de ahí que se deban ampliar los espacios y escenarios de actuación porque las personas nos movemos en múltiples contextos, escuela, familia, asociaciones, instituciones, etc., y en todos ellos, o con todos ellos, nos educamos.

Tener en cuenta esos diferentes contextos nos lleva a manejarnos con un concepto de educación que va más allá de la educación formal, cuya mayor responsabilidad normalmente se la asignamos a la ESCUELA donde los destinatarios y destinatarias de la orientación de la educación somos todos y todas.

A la Escuela, en particular, se le exige educar en valores y formar actitudes de modo que los estudiantes puedan llevar a cabo las prácticas necesarias para vivir en sociedad, de ahí la necesidad de un enfoque intercultural de la acción educativa para que éstos puedan asumir una nueva realidad social, plural y globalizada, en la que todos juntos hemos de vivir y respetarnos sin tener por que peder lo propio.

Sin olvidar que todas las situaciones sociales son de multiculturalidad en la medida que la cultura se comparte diferencialmente según edades, géneros, clases sociales, regiones, etc.

No obstante debemos tener en cuenta que la presencia simultánea de personas culturalmente diversas en un mismo espacio puede significar un cierto nivel de conflictividad a causa de muchos factores: dificultades de comunicación, desconocimiento mutuo de los códigos de referencia, falta de sensibilidad hacia las personas culturalmente diferentes, prejuicios y estereotipos, desigualdades y discriminación en la atención a las necesidades básicas de los distintos colectivos, etc. Situaciones de convivencia complejas que exigen una intervención socioeducativa aplicada a cada centro en particular, y en todos en general centrada en dos objetivos básicos: garantizar la igualdad de oportunidades para todo el mundo y respetar la identidad cultural.

Es importante recordar que la diversidad cultural, a día de hoy, es una constante de todas las sociedades y no solamente por el hecho de los movimientos migratorios, como se tiende a resaltar. No es la llegada de la inmigración la que convierte la escuela en multicultural, sino la conciencia de que cada individuo y grupo de individuos es distinto a otro.

La diversidad es lo normal y no lo circunstancial, el reto es desarrollar un enfoque verdaderamente intercultural, global. Una perspectiva que nos ayude a dar el salto de superar este tratamiento dirigido a los “diferentes” y nos implique a todos y a todas. Un discurso sobre la igualdad y el respeto a la diversidad ha de tener en cuenta todas las manifestaciones de diversidad, también la territorial y la histórica, las cuestiones lingüísticas e identitarias, que siguen siendo motivo de debate político. Cuestiones éstas que condicionan fuertemente las dinámicas institucionales y que determinan en gran medida las dinámicas educativas.

Es nuestra intención con este documento, plantear un conjunto de ideas, dilemas, valoraciones y propuestas que os permitan organizar las discusiones, debates y elaboración de acciones educativas para avanzar aún más en vuestro centro intercultural.

El documento pretende ser una mezcla de la reflexión teórica sobre las prácticas llevadas a cabo hasta el presente, y al tiempo una reorientación para seguir elaborando nuevas prácticas.

Comenzamos con el análisis de las diferentes líneas de actuación que se vienen desarrollando en los centros interculturales, y que cobran sentido en la medida que éstas se desarrollan dentro de un proyecto integral, articulador de las diferentes estrategias e intervenciones que van teniendo lugar desde un enfoque intercultural: donde, junto a los cambios que se vienen dando para fomentar los valores y actitudes y en cuanto a los cambios organizativos y estructurales, resaltamos la necesidad cada vez más imperiosa de hacer cada vez más visible el carácter antirracista de la educación intercultural.

Continuamos, pretendiendo superar el falso debate entre la prioridad de los contenidos o de los valores, porque ambos están íntimamente relacionados, hablamos de la relación entre Convivencia y aprendizaje dos pilares básicos sobre los que se basan nuestros proyectos educativos.

Un cuarto apartado, donde queremos señalar como cada situación conflictiva requiere una intervención diferente, y cuáles son las actitudes y respuestas que nos interesan para hacer del uso de los conflictos una herramienta básica de aprendizaje.

Y ya por último, una propuesta que gira sobre la formación del profesorado basándose en su propia práctica, cómo la evaluación y sistematización de las prácticas llevadas a cabo van trazando las agendas y nuevas necesidades de un centro intercultural.

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